“El síndrome del olor a pescado requiere una higiene exquisita”

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Dra. Amaya Bélanger-Quintana. Médico Adjunto Unidad de Enfermedades Metabólicas. Servicio de Pediatría. Hospital Ramon y Cajal.

- ¿En qué consiste el síndrome del olor a pescado?

- La trimetilaminuria es una enfermedad por la cual uno de los componentes o aminoácidos de las proteínas llamado colina no se procesa adecuadamente, dando lugar a unas sustancias llamadas trimetilaminas. Estas sustancias se eliminan por las secreciones corporales, sobre todo el sudor y la orina, dando a estas secreciones un olor especial similar al del pescado. Los pacientes no sufren consecuencias físicas por este trastorno, pero puede tener problemas psicológicos secundarios a la repercusión negativa a nivel social que tiene el mal olor corporal.

- ¿Por qué se produce?  

- Es una enfermedad genética, hereditaria, pero existen grados diferentes de severidad y es preciso que el paciente coma alimentos ricos en colina para que se ponga de manifiesto.

- ¿Cuál es su tratamiento?

- La enfermedad no tiene repercusión salvo el mal olor. Por lo tanto el paciente puede tomar una dieta normal si lo desea.

- En caso de querer evitar el olor hay 3 pilares en el tratamiento:

· Una dieta con menos colina. Los alimentos ricos en colina son pescados, mariscos, carnes, casquería y la clara de los huevos. Se recomienda una dieta mediterránea rica en cereales y legumbres, tomando un máximo de 100g diarios de carne y evitando en lo posible pescados, mariscos y clara de huevo.

· Higiene. Es preciso una higiene exquisita, con al menos 2 duchas diarias y con cambiado de la ropa interior al menos 2 veces al día. Las mujeres deben esmerar la higiene de su zona íntima y los varones retirar el prepucio y limpiar y secar el glande tras cada micción. Utilizar desodorantes y jabones de olores neutros porque la mezcla de olores puede ser incluso peor que el olor propio de la enfermedad.

· En casos en los que las medidas anteriores sean ineficaces, y sólo de forma temporal, se pueden tratar con un antibiotico que elimina la flora bacteriana intestinal. Esta flora bacteriana participa en la digestión y metabolismo de la colina. Al eliminarla se reduce la trimetilamina y mejora el olor. Por desgracia, estos antibioticos tienen efectos secundarios que impiden su uso habitual.

- ¿Tiene cura?

- A dia de hoy no, ya que la terapia génica no está disponible. Sólo es posible realizar tratamiento sintomático.

- ¿Quienes son las personas más proclives a padecerlo?

- Aquellas con el trastorno genético que determina esta enfermedad.

- Pero ¿aparece de repente, o es de nacimiento?

- Los pacientes tienen el trastorno desde que nacen. Sin embargo, hay pacientes con formas más suaves y otros con formas más intensas. Además es necesario que el paciente tome alimentos ricos en colina, así que hasta que un niño no toma carnes y pescados es poco habitual que se detecte. También influye si el paciente suda mucho o no, el tipo de olor corporal de cada uno (que mezclado con el olor de la trimetilamina será más o menos desagradable), el tipo de dieta que sigue (la cantidad de distintos alimentos), si en un momento dado tiene sobrecrecimiento bacteriano que favorezca la formación de trimetilaminas, etc.

- ¿Se puede prevenir?

- No. La única prevención posible sería el consejo genético. Conociendo las mutaciones sería posible el diagnóstico prenatal.

- ¿Cuántos casos hay en nuestro país?

- No hay un registro de pacientes y por lo tanto no se sabe a ciencia cierta. Antes era una enfermedad sólo conocida entre los científicos dedicados a enfermedades moleculares que se suponía muy esporádica, pero desde que se conoce más a nivel de atención primaria en los últimos años se nos remiten muchos pacientes y es probable que haya muchas personas sin diagnosticar.

La Razón

“En este libro se desata lo que es la pasión por vivir, aunque una vida demasiado intensa, puede tener luces y sombras y mucha soledad”

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VÍDEO ENTREVISTA EN PERIODISTA DIGITAL

La periodista y escritora Marta Robles acaba de publicar ‘Luisa y los Espejos’, una obra en la que demuestra que no sólo delante de los micrófonos y de las cámaras se mueve con soltura. En esta entrevista en Periodista Digital deja claras sus dotes como novelista.

TRAYECTORIA PROFESIONAL

A Marta Robles le gustan los retos difíciles. Sus primeros libros retratan a dos personajes peculiares y clave de nuestra historia más actual: Pedro J. Ramírez (El mundo en mis manos) y Carmen Romero (La dama del PSOE). En la Cadena SER ha dirigido y presentado programas como Si amanece, nos vamos o A vivir que son dos días, de contenidos sociales, culturales, políticos y lúdicos, que dejan entrever el carácter de esta apasionada mujer.

De la radio pasó a la televisión. Después de trabajar en diversos canales regionales y autonómicos pasó al sector privado. Fue en Antena 3 donde alcanzó su mayor reconocimiento profesional con el magazine informativo A toda página. En la actualidad es columnista del diario La Razón, en el que lleva más de una década. Tras obras como ‘Las once caras de María Lisboa’ o ‘Diario de una embarazada cuarentona’, ahora publica ‘Luisa y los Espejos’.

SINOPSIS DE ‘LUISA Y LOS ESPEJOS’

Dos vidas transcurren paralelas. Luisa Aldazábal es una mujer actual que después de estar tres meses en coma decide dar un giro radical a su vida. La Marchesa Casati, personaje real, decide convertirse en una obra de arte viviente y, adelantándose a su tiempo, se atreve a ser libre por encima de todo convencionalismo, tanto en su delirante relación con el escritor Gabriele D’Annunzio, como en su destacada labor como mecenas y musa de los grandes artistas de la Belle Époque.

Luisa descubrirá por azar a la Marchesa y encontrará en su extravagante conducta un espejo de inspiración para salir de su monótona existencia y recuperar la pasión amorosa y artística.

Sensual y llena de lirismo, Marta Robles nos descubre con esta obra a la poderosa novelista que lleva dentro.

TITULARES MÁS DESTACADOS

“Los políticos creen que las televisiones públicas son de ellos y gastan el dinero como les da la gana”

“En este libro se desata lo que es la pasión por vivir, aunque una vida demasiado intensa, puede tener luces y sombras y mucha soledad”

Periodista Digital

Ángeles Mastretta: “Para escribir una novela tienes que ser omnipotente”

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mastrettaÁngeles Mastretta es como una diva de Hollywood. Una mujer atractiva, exagerada y sexy que destila vehemencia y buena energía. No la hubiera imaginado de otra manera, después de conocerla a través de su literatura. Ni siquiera ahora que viene con la ternura de la familia bajo el brazo y con «La emoción de las cosas» prendida a la conversación y a la mirada, gracias a ese título que ha tomado prestado de Machado («sólo recuerdo la emoción de las cosas»). ¿Hay algo que provoque más emoción que la familia? Le pregunto. «Pues yo no lo encuentro», me responde. «Pero claro, yo convierto a una parte de la humanidad en mi familia. Cuando quiero a alguien lo vuelvo parte de mi emoción». Es cierto que los amigos ocupan un lugar importante en la vida de todos y que Ángeles los valora especialmente; sin embargo –y se lo digo–, ella de quien cuenta una historia real es de su familia carnal. «Yo quería escribir una novela –asegura–, pero el relato se me cerraba una y otra vez, hasta que tuve que aceptar, con toda humildad, que esto no podía ser una novela, sino un libro de memoria desordenada y caprichosa, como es la memoria. A un escritor lo mejor que le puede pasar es escribir una novela, porque entonces le regalas a la gente un boleto de ida y vuelta a otra parte, a un mundo que fue tuyo. Es como si los invitaras a un país. Y, además, es un viaje al que invitas gratuitamente y puedes llegar a quedar muy bien, como si les hubieras invitado a la Luna. Cuesta mucho más convocar a la gente a leer un libro como “La emoción de las cosas”, que no es una novela». Le pregunto que qué es entonces y no vacila: «Yo lo colocaría entre los libros de autoayuda».

Revelación personal

Desde luego el libro ayuda a tomar prestadas las emociones de la autora y a mezclarlas con las propias o, tal vez, a emocionarse con las historias que ella cuenta, rememorando las de cada cual. «Exacto. Hablas de tu madre y la gente siente que estás hablando de la suya o de su padre o de sus hermanos o del río o de la laguna, o de la ciudad remota…Vas llevando a los demás a sus propias emociones con las cosas que a ti te pasaron». Mastretta revela muchas de las que le pasaron a ella, entre otras, ese complejo de culpa que le llevó a creer durante mucho tiempo que era la responsable de la muerte de su padre. «Ahora ya sé perfectamente que la gente se muere porque se muere y que no depende de nadie. Pero cuando a mi mamá empezaron a pasarle cosas, a mi papá ya le habían pasado muchas y yo lo veía más débil, como que había que protegerlo. Así que, cuando me fui a estudiar a México y él se enfermó, yo decía que se había enfermado porque yo no me había quedado a velar por él. Una cosa tonta de las que te pueden pasar cuando tienes 19 años». A esa edad, y a todas, los hijos observan a los padres. Los escrutan, analizan sus reacciones, sus comportamientos e, incluso, sus besos. «Nosotros nunca los vimos besarse en la boca. Pero eso no quiere decir que no se quisieran, sino que se querían de distinto modo. Es algo que aprendes con los años».

La edad lleva a verlo todo de otra manera. Y a evocar. Y a repetir lo evocado con los hijos, si fue feliz. «¿A quién no le emocionó que fueran a llegar los Santos Reyes? ¡A mis hijos ni se diga! Yo tiraba los sillones porque era el elefante y de noche les hacía poner cubos de agua y copas de vino para que, cuando llegaran los Santos Reyes, pudieran pararse allí. A mí me había emocionado tanto, que quería que les pasara a ellos, que creo que sí les ocurrió. Por eso digo que pasamos dos infancias, la nuestra y la de nuestros hijos. Y dos adolescencias también. La mía no fue muy feliz, porque estaba consternada por si me quería o no el novio que ni siquiera tenía todavía. En cambio, cuando mis hijos fueron adolescentes, me divertí muchísimo al compartir esa época. Fui al cine todo lo que quise. Creo que por eso tengo tanto cariño a Leonardo di Caprio; en realidad, aunque ya tenía cuarenta, parecía que tenía 15». Infancia, adolescencia, juventud, madurez. El tiempo pasa. Y nos vamos yendo todos. Pero se quedan los recuerdos, que tal vez no tienen tanto que ver con la realidad. «Todos recordamos de manera selectiva, pero no sólo la infancia, sino el día de ayer… Y lo que queda de nosotros es lo que cada cual quiera recordar, porque nosotros ya no vamos a estar para decir: “Oye, así no fue”». La duda está en si aquellos que son recordados quieren que se cuenten los recuerdos que les atañen, si los padres de Ángeles se sentirían satisfechos del relato de su hija o todo lo contrario. «No están tan expuestos, sólo contados. Pero hay muchísimas cosas que no voy a saber sobre ellos. Es una cosa que aprendí mientras escribía este libro. Por eso no podía ser una novela; para escribir una novela tienes que ser omnipotente y respecto a la vida de mis papás yo no podía serlo».

La necesidad de revisar la vida de los padres surge en algún momento, sin que se sepa por qué y ni exista fecha decidida, aunque Ángeles asegura que ésas son cosas de los 60 años: «También a mi abuelo le dio por investigar a los 60 sobre sus papás, sus abuelos y sus bisabuelos. Por eso yo sé tanto de mi tatarabuelo». Tal vez mirando al pasado se recupera la felicidad de otros tiempos, que siempre parecen más felices cuando se los mira desde la distancia. Tal vez la felicidad es algo que sucedió alguna vez en nuestros recuerdos. «Yo no fui más feliz de niña que ahora. La verdad que no. Creo que es Savater quien dice que la alegría es algo que uno tiene que buscar o algo con lo que uno vive. Es una actitud más que una situación. Tú tienes una actitud de estar alegre, un deseo de estar alegre, que no necesariamente es la felicidad. Vas teniendo momentos de felicidad. Y no la buscas, la encuentras».

PERSONAL E INTRANSFERIBLE

Ángeles Mastretta admira desde siempre a Sarita Montiel. «Si no hubiera sido escritora, hubiera querido ser cantante. Aunque cuando mi hija inventó un personaje en su película que cantaba y la actriz no quiso cantar y lo hice yo, tardé seis horas en grabar dos canciones y me dije: “Qué bueno que no tenga esta profesión”». Mexicana, casada y con dos hijos, se siente orgullosa de ellos y de seguir encantada de vivir con el mismo hombre después de 35 años. Se arrepiente de lo que no ha hecho, perdona demasiado fácil («a lo mejor porque olvido, así que no tiene mérito»). Duda, es audaz, le gusta el pan, el jamón ibérico y, como mucho, lo acompaña con dos sorbos de vino y, después, con litros de agua y de naranjas. Tiene muchas manías, como la de cambiarse de cuarto en los hoteles. Antes de su último viaje escribió al Palace porque quería el cuarto frente a Neptuno «porque allí está media vida mía. Pero estaban arreglando la fachada y ¡di una guerra! Aprovecho para pedir perdón». Dice que ya es mayor, así que quiere seguir siendo vieja, y que si volviera a nacer sería, a lo mejor, una iguana: «Estaría bonito estar en el sol todo el día a la orilla del mar».

La Razón

La muerte de Manolete

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Por si no hubiera una lista suficientemente larga de reproches que el sexo femenino puede hacer al masculino desde los orígenes de la humanidad, ahora va un estudio y descubre que, hasta la menopausia, tiene su germen en el comportamiento de los hombres. Sí, sí, como lo leen. La mismísima menopausia. Esa bestia negra de las mujeres menos cultivadas, que las hace llegar a pensar que, cuando aparece, lo hace también la oscuridad y casi el fin del mundo, generalmente porque comporta también el rechazo de sus hombres. Según una «sospechosa» investigación, la menopausia de las mujeres maduras se produce porque los hombres las prefieren más jóvenes, sobre todo para procrear. Como lo leen, insisto. ¿Y cómo justifican tal afirmación? Pues diciendo que si en otras especies el declive de la fertilidad implica la cercanía de la muerte y en la humana no sucede tal cosa, será por algo. ¿No podría ser, por ejemplo, porque la especie humana es más desarrollada y hace que las mujeres, al envejecer, utilicen toda su sabiduría para ayudar a sus hijos a criar a sus nietos? Pues no. De eso nada. O al menos eso asegura el tal Morton que firma el artículo que relaciona la elección de la pareja por parte del hombre con el origen de la menopausia. ¿Qué podría ser? Pues miren, qué quieren que les diga, es como cuando alguien se enroca en que los humanos somos los únicos que bebemos leche después de la lactancia…¡Y también los únicos que construimos autopistas, aviones…! Perdónenme que dude de esta teoría. Y perdónenme que, en este caso, evite echarle la culpa al sexo masculino de la menopausia…¡y de la muerte de Manolete!

La Razón

Feria del libro de Madrid 2013

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Este fin de semana estaré firmando ejemplares de ‘Luisa y los espejos’ en la Feria del libro de Madrid, en el Parque del Retiro.

- Sábado 15:
- De 12,00 a 14,00h en CERVANTES Y COMPAÑÍA (caseta 268).
- De 19,00 a 21,00h en FÁBULA (caseta nº 62).

- Domingo 16:
- De 12,00 a 14,00h en CASA DEL LIBRO (caseta 170 y 171).
- De 19,00 a 21,00 en FNAC (caseta 41 y 42).

!Os espero¡

“Necesitaba este personaje para quitarme el pudor de escribir”

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La Razón • Dice que tiene una novela guardada de cuando tenía quince años que «es lo peor». Nunca la leeremos porque, según cuenta Marta Robles, periodista y colaboradora de LA RAZÓN,«pese a que soy una escritora vocacional y toda la vida llevo haciéndolo, también le tengo mucho respeto». Todos los miedos se le quitaron con el encuentro de la marquesa Luisa Casati, tan extravagante como rica, tan infeliz en su juventud como excesiva en su madurez. «Luisa y los espejos» es su última novela, que juega con aquella Luisa y con otra, Luisa Aldazábal, igual de infeliz que su álter ego en el siglo XXI, una historia que se alzó con el Premio Fernando de Lara de Novela. Un consejo para los interesados: no se pierdan el final de la historia.

–Es una historia en la que se borran las fronteras entre la persona y el personaje.

-Existe una enorme influencia de Luisa Casati en Luisa Aldazábal porque les une algo fundamental: la necesidad de transformación de sus propias vidas. Es verdad que, tras conocer la historia de la marquesa, se mete en sus venas y casi la posee, pero sigue siendo ella misma, y, según va creciendo el libro, va creciendo el personaje y robando protagonismo a Casati, aunque ni ella misma se lo hubiera esperado.

-El de la marquesa es un personaje muy potente.

-Era una mujer que medía 1,82, enormemente tímida, que se casa por un matrimonio de conveniencia y muy convencional, hasta que se encuentra con Gabrielle D’Annunzio, que era un escritor increíble. Y entonces emerge otra personalidad que lucha contra la timidez y la convierte en pura extravagancia y tiene unos comportamientos absolutamente delirantes. Cambia su maquillaje, sus gustos, sus aficiones por los animales raros, el esoterismo… empieza a gastar dinero a manos llenas. En el caso del personaje del presente, estaba dormida en una vida feliz y se despierta del coma buscando vivir la vida que hubiese querido.

-Es muy poco conocida la historia de Casati, pero muy novelesca.

-Ella quería ser una obra de arte viviente, ser retratada mil veces, y su verdadero miedo era no pasar a la posteridad. Es curioso, pero la verdad es que se trata de una perfecta desconocida. Era un pedazo de tía alocada espectacular. Organizaba fiestas en las que ponía en la barandilla a un señor dando de comer todo el rato a un pavo real, para que éste mantuviese el plumaje desplegado.

-Hay una avalancha de referencias de personajes reales. ¿Realizó una investigación?

-No te imaginas lo que he recortado… Mi preocupación era que no quería caer en construir una biografía de Casati, sino una novela con ella como personaje. Y lo que hice fue seguir el orden cronológico de las biografías que cayeron en mis manos y que me parecieron más certeras, porque no todas cuentan igual su vida. Por eso, en el libro hay datos reales, pero sus relaciones sexuales o los excesos son recreados. El encanto consistía en conseguir llegar hasta lo que pensaba, sentía, reflexionaba, lo que hacía en sus momentos de estar con ella misma.

-¿Cree que para que la creación artística tenga intensidad hace falta tener una vida turbulenta?

-Hay dos tipos de escritores: los que deciden vivir la vida y los que se sientan a observarla. Sábato decía que hay que escribir de lo que se conoce, y es cierto, te ayuda haber pasado por los escenarios de lo que vas a escribir; pero ahí está Salgari, que no se movió del pueblo en que nació y murió a 30 kilómetros. Y yo viajé por las líneas de su literatura a todo el mundo y disfruté mucho de niña. No pienso que sea necesario escenificar y protagonizar la vida que vayas a escribir.

-Para imaginar la ambientación, ¿se basó en obras de arte o en artistas?

-Este libro es fruto de la contemplación de obras de arte y de artistas gracias a los cuales he creado a algún personaje. Pero no obras concretas, sino que los artistas estaban a mi lado soplándome.

-En la novela describe unas fiestas que hacen que las de ahora parezcan una broma…

-Bueno, es que estamos hablando de la heredera más rica de la Italia de su tiempo. Gastaba el dinero a manos llenas, pero creo que ahora también hay esas fiestas en otros sitios. Simplemente fíjate en Ibiza…

-Pero sin aristocracia.

-Bueno, no tenemos acceso a ellas. Lo que sí es verdad es que no hay tanta relación entre la aristocracia y el mundo del arte como en otros tiempos. Eso es diferente.

-El personaje del presente tiene una vocación artística muy fuerte.

-Conozco a algunos artistas y son personas distintas. Viven la vida de otra manera. Las pasiones con las que crean me provocan una inmensa envidia. Es una relación muy potente.

-En su caso, ¿escribir es más vocación o un trabajo?

-Es absolutamente vocacional. Llevo escribiendo toda mi vida porque es lo que me ha gustado siempre. Pero he sido muy cautelosa y respetuosa con la literatura, que ha significado tanto para mí, y por eso he ido paso a paso, madurando y aprendiendo y encontrando el momento. Lo que me hacía falta para superar ese pudor era encontrar esa historia digna de ser contada, y creo que este personaje lo es. Es una novela muy importante en mi vida porque es con la que me he atrevido a dar el salto.

La Razón

El premio ‘Fernando Lara’ ya está en las librerías

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> Ver vídeo en Antena3.com

Recién salido de imprenta, la nueva novela de Marta Robles ya está en los estantes. La periodista ha recibido numerosos premios, el último el de Fernando Lara 2013 otorgado por este ejemplar.

Antena 3 Noticias • Dicen que después de Cleopatra y la Virgen María, la marquesa Luisa Casati es la mujer más retratada de la historia del arte. Musa para muchos,  mujer adelantada a su tiempo, transgresora y ahora inspiración para la novela ‘Luisa y los espejos’.

Marta Robles pone voz en esta novela a las pasiones amorosas y artísticas de dos mujeres de épocas diferentes: la propia Luisa Casati y la imaginaria Luisa Aldazábal, una mujer actual que se ve reflejada en la marquesa italiana.

Por cierto, que nadie busque a la autora en sus personajes. ‘Luisa y los espejos’ viene avalada por ser la flamante ganadora del premio de Novela Fernando Lara 2013.

Una historia de pasión destino y arte que ya está en las librerías.

SER Madrid Norte: Marta Robles nos habla de “Luisa y los espejos”

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Audio de la entrevista

SER Madrid Norte • La periodista madrileña ha pasado por los micrófonos de SER Madrid Norte para presentarnos su última novela, con la que ha ganado el Premio Fernando Lara. Un libro que comenzó en el año 2009 y que narra las historias paralelas de dos mujeres. Una lectura sobre las posibilidades creativas del ser humano.

“Luisa y los espejos” cuenta la historia de dos Luisas. Una que, en la actualidad, sale de un coma y decide hacer en su vida todo lo que dejó pendiente tras una tragedia personal. Mientras que la otra es la extravagante veneciana Luisa Casati que, a principios del siglo XX, cumplió con su sueño de ser  una obra de arte. Dos mujeres que en nada tienen que ver con Marta Robles como ella misma ha confesado en SER Madrid Norte.

Una novela con la que la periodista madrileña se siente satisfecha, no sólo por recibir el aval y reconocimiento de un premio como el Lara, sino porque quienes lo ha leído así se lo han transmitido. Libro que se suma a otras obra de la autora como “Madrid me mata”, “Don Juan”, “Diario de una cuarentona embarazada” o “Las once caras de María Lisboa”.

SER Madrid Norte

Marta Robles recupera a la marquesa Casati, la musa de la Belle Époque

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La periodista ganó con ‘Luisa y los espejos’ el premio Fernando Lara. Recupera en el libro, que presenta ahora, la figura de la marquesa Casati

El Confidencial • La periodista Marta Robles tenía claro desde niña que quería ser escritora y, no en vano, tiene ya nueve libros publicados; pero es ahora cuando ha dado un paso más allá para tejer su novela más madura, “Luisa y los espejos”, un relato en el que recupera a una figura mágica, la marquesa Luisa Casati.

Y es que con “Luisa y los espejos”, Marta Robles obtuvo el pasado mes de mayo el premio Fernando Lara de Novela 2013 (dotado con 120.000 euros), un libro que acaba de ser publicado por Planeta y que está presentado estos días la escritora.

Se trata una novela en la que se entretejen la historia de dos mujeres separadas en el tiempo: Luisa Casati, en la Venecia de los años 20, y Luisa Aldazaba, una mujer de 45 años en la España de hoy. Ambas unidas por la búsqueda del arte, la creación, la pasión y el amor.

Una ficción escrita bajo el poder y reflujo de Luisa Casati. “Una mujer fascinante, diferente a todas las de su tiempo, que se autotrasformó; una mujer provocadora, que se ponía serpientes como joyas, que paseaba guepardos y cuya obsesión era ser una obra de arte viviente”, argumenta a Efe Marta Robles, autora de “Las once caras de María Lisboa”.

Una mujer, que fue la más retratada del mundo, después de Cleopatra y la virgen María, que fue amante de D’annunzio, mecenas y musa de artistas, que se instaló en el Palacio Vernier Dei Leoni en Venecia, pero que poca gente la conoce, como reconoce Marta Robles.

“Hay gente que la conoce y si miras se ven sus imágenes, pero se sabe poco como que es la protagonista de unas de las foto más famosas de Man Ray, o que fue pintada por Zuluaga o Fortuny y admirada por Nijinski o Isadora Ducan, una fama que llevó a París, Roma, Venecia o Capri”, subraya la autora, que cree que este libro servirá para que se la conozca más.

“Me enorgullecería que gracias al libro se la pueda conocer más y no solo a ella, sino a otros personajes importantes de esa época dorada, los años 20, y, sobre todo, me gustaría que se volviera la mirada a Gabriel D’Annunzio, porque sus obras son maravillosas, se te ponen los pelos de punta cuando lo lees”, recalca.

Todo un friso de la época, de la Belle Époque y de nuestros días, del arte, el amor, y la creación, ya que estas dos mujeres viven por y para crear y para eso sus propias vidas son el alimento de esta poderosa vitalidad creadora.

Así, Marta Robles, de forma elegante, no ahorra descripciones en las relaciones amorosas y sexuales, como la de Gabriele D’Annuzio y la marquesa Casati o Luisa Aldazábal y su amante artista.

“Ven, colócate aquí, delante de mí, frente al espejo. ¿Ves nuestro reflejo? ¿Me ves a mí detrás de ti, pegado mi cuerpo desnudo al tuyo?(…) A partir de ahora, marchesa Casati, entre nosotros solo cabe la indecencia”. Este es un fragmento de uno de los muchos diálogos que mantienen D’Anunzio con la Casati, quienes dan una lección de amor fogoso y carnal.

“Hablar de la sexualidad era imprescindible en este relato por las relación de las dos parejas porque es un pilar muy importante en sus vidas. D’Anunzio y Casati eran dos extravagantes que iban al límite de sus vidas y les gustaba el sexo potente; pero he sido muy cuidadosa con las escenas y he procurado que estuvieran rodeadas de belleza”, aclara la autora.

Una obra que le ha llevado a la periodista y escritora a indagar en decenas de libros, viajar por los lugares donde vivieron, y tener relación y asesoramiento con varios pintores; una novela con mucha carpintería detrás, que solo podía escribir la autora en este momento de su vida, dice.

“Es una novela muy importante en mi vida porque es con la que me he atrevido a dar el salto. Siempre he sido prudente y pudorosa desde jovencita. Quería ser escritora pero empecé con lo puramente periodístico y luego me asomé a la ficción y he ido paso a paso hasta encontrarme con esta mujer tan poderosa”, concluye la autora.

El Confidencial

Es lo justo

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Siempre pensé que el mejor acuerdo de custodia sobre un hijo de padres separados, era el que no requería ningún juez. Si a los padres les desune  la vida, les debería quedar el amor hacía lo mejor de ellos mismos: sus hijos. Sin embargo, por desgracia, los niños son demasiado corrientemente utilizados como moneda de cambio, como objeto de chantajes, como herramienta para causar dolor a la pareja que un día se quiso y que tras la separación se odia. No es fácil cambiar de status en la vida. En ninguna circunstancia. Pero menos aún en la familiar. Y cuando una pareja se rompe, desaparecen los vínculos, las pertenencias, las obligaciones y por supuesto también los derechos. Los desparejados dejan de reportarse, de ser el primero en la vida del otro y ,sencillamente, se desvanecen de las existencias del contrario. Si no hay hijos es difícil de aceptar,  pero si los hay es casi imposible, incluso cuando los cónyuges se comportan de manera razonable, por el bien de sus hijos, y se reparten los tiempos, no hablan mal a los niños de sus ex parejas y no evitan que se relacionen regularmente con ellos. Por desgracia, este civilizado comportamiento es poco frecuente y en demasiados casos, al menos una de las partes utiliza a los chicos contra la otra. Como en tiempos pasados los padres no solían querer quedarse con los niños, y una de las fuentes de la ley es el Uso y la Costumbre, las madres empezaron a recibir, casi invariablemente siempre, sus custodias. Y eso, ahora que los padres ya no quieren serlo en la distancia, les confiere un poder sobre sus ex enorme, porque de ellas depende su relación con los hijos y no siempre la favorecen. Menos aún si hay otra mujer de por medio. Hay madres que siguen sufriendo, sí. Madres que no tienen la custodia. Madres a las que los padres les roban los hijos. No me olvido de ellas. Pero en los últimos tiempos, demasiadas madres han sido tan malvadas como para separar a los padres de sus hijos por obra y gracia del poder de las custodias. Son muchos los padres separados que luchan por la custodia compartida. Y parece que el Ministerio de Justicia por fin se digna a escuchar sus requerimientos. La posibilidad real de que la consigan y de que, incluso, los padres puedan quedarse también con la custodia, si el Juez considera que lo mejor para el niño es que sea monoparental, empieza a existir.  Es lo justo.

La Gaceta de Salamanca

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